
Los calamares no me atemorizan. En señal de amistad, trenzo y destrenzo sus tentáculos. Después de todo, soy casi una de ellos: yo también sé jugar a esconderme con nubes de tinta.La sueñera. Ana María Shua.
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"Cuando uno lee sobre una bruja, sobre una mujer poseída por los demonios, sobre una mujer sabia que vende hierbas medicinales, o incluso sobre un hombre muy notable que tuvo una gran madre, pienso entonces que estamos sobre la huella de una novelista perdida, una poeta suprimida, alguna muda y desconocida Jane Austen."
Virginia Woolf (1882-1941) novelista inglesa
Este año el lema es
“Leer más Literatura”. Es como volver a la esencia, por eso tengo especial interés en participar y escuchar a los invitados, siempre de excelente nivel. Y el complemento perfecto es el taller de escritura creativa en el que me inscribí. La escritura es un gusanillo que siempre me hace cosquillas... pero no doy el paso hacia allí por... quién sabe por qué.
Las mujeres se pintan antes de la noche.
Los ojos, la nariz, los brazos, el hueco poplíteo, los dedos de los pies.
Se pintan con maquillajes importados, con témperas, con lápices de fibras.
En el alba, ya no están.
A lo largo de la noche y de los hombres, se van borrando.
"A los seis años alguien me puso en las manos un libro con un caballo en la tapa. Esa misma noche yo fui ese caballo. Al día siguiente ninguna otra cosa me interesaba. Quería mi pienso, preferiblemente con avena y un establo con heno limpio y seco. Nunca antes había escuchado las palabras pienso, avena, heno, pero sabía que como caballo nec
esitaba entenderlas. Durante una semana pude haber sido Black Beauty pero fui Azabache, en una traducción inteligente y libre. Fui caballo de tiro y caballo de alquiler, recibí latigazos, estuve a punto de morir, fui rescatado... y llegué a la última página. Entonces, con terrible dolor, volví a mi cuerpo y levanté la cabeza: el resto del mundo todavía estaba allí. “Deja eso que te va a hacer mal”, decía mi madre. “No se lee en la mesa”, decía mi padre. Entonces descubrí que podía volver a empezar. Y otra vez fui Azabache y otra vez y otra vez.
Después descubrí que podía ser un pirata y muchos, y la ciudad de Maracaibo y ser hombre, manatí, horror o piedra. Lo que acababa de empezar en mi vida no era un hábito: era una adicción, una pasión, una locura."